Una joven enseña a manejar y nociones de mecánica sólo a mujeres

(la imagen en algunos casos puede ser ilustrativa)

Es un emprendimiento. Mujeres que por distintas razones no aprendieron a conducir, lo hacen. También, cambiar y colocar aire a una cubierta, medir agua y aceite o cambiar un foco. “En sus casas suelen pelearse y discutir con quien les enseña y se convierte esa, en la primera y última clase”.

Por Lorena Leeming / @loreleeming

Maira Reynaldos cubre con su emprendimiento personal con perspectiva de género, una demanda que existe y es mucha: enseña a manejar e incorpora nociones de mecánica automotor a mujeres. Su trabajo va desde instruirlas para poner primera y sacar el auto hasta cambiar una cubierta, medir aceite, agua y cambiar un foco. Tareas que parecen simples pero que valen mucho. Ayuda a quienes tienen “amaxofobia” que es el miedo a manejar. Implementa una técnica de respiración al ponerse frente al volante e incentiva a mujeres que por distintas razones no tenían la independencia de poder movilizarse por sí mismas a pesar de tener un vehículo en su casa.

En una entrevista exclusiva con Jornada, Maira contó que además de enseñarles a conducir, acompaña a las mujeres en el proceso. Hay quienes comienzan de cero, sin ningún conocimiento porque nunca se subieron a un auto y otras que sacaron el carnet y no se sienten seguras de transitar por sitios habilitados hasta cumplir 6 meses con el registro. “A veces sienten miedo y no vuelven a salir, se quedan en sus casas. Ahí estoy yo también acompañándolas, vamos a sectores de chacras y de a poco se vuelven a animar”.

Cuando Maira comenzó con este trabajo a través de las redes sociales con su cuenta “Manos al volante” jamás pensó la dimensión que cobraría. Son muchas las mujeres que solicitan su servicio, “no tenía noción que iba a llegar a lo que es hoy” admitió. El saber manejar no sólo es una comodidad sino también, la independencia de la persona: no esperar de alguien más para ir de un lugar a otro o viajar. “Justamente por eso empecé. Me di cuenta que hay muchas mujeres que necesitan esto: tienen su auto pero no lo saben conducir y lo hace la pareja, los hijos, etcétera. Pisan ese derecho de usarle su auto, no les enseñan. 
Por ahí se rompe algo y tienen que pagarlo ellas. ¿Y por qué ellas? ¿Que estoy pagando?, se preguntan y nunca les dicen. Pagan, pagan y pagan pero no saben qué y siguen caminando y manejándose con otro transporte”, ejemplificó.
Maira contagia el entusiasmo por la tarea que cada día emprende con una sonrisa. Su buena templanza y carácter traslucen enseguida cuando habla de lo que le apasiona. “Soy fierrera” dice entre risas. Asegura que alumnas jóvenes tiene, pero muy poquitas. La mayoría son mujeres que tienen más de 30 años (algunas recién separadas o que quedan solas). “Es a las que más les cuesta porque siempre dependieron de alguien más para movilizarse pero lo que veo que tienen en común es que todas quieren independizarse”
¿Cuánto tiempo se tarda en aprender a manejar?. “Cada alumna es distinta. Es particular. Por ahí les pido que me digan si manejaron alguna vez. Algunas tienen experiencias de vida traumáticas que han querido empezar a manejar y chocaron marcha atrás con un árbol o rozaron algo y les causa un trauma. Otras con 5 clases es sufciente”, compara.
El tema del miedo es uno de los principales obstáculos al momento de ponerse frente a un volante cuando antes nunca lo hicieron. La noción del peligro es mala consejera pero esto no significa que no puedan cumplir su objetivo. Lo hacen y muy bien. “No puedo decir que pierden el miedo del todo pero se supera, se puede. Hay alumnas que tienen mucho miedo, es una fobia: amaxofobia se llama. Es el miedo a conducir”, dijo.
Y agregó:”Cuando pasa esto, paramos, respiramos. Implemento mucho la respiración, les hago que ejerciten sacar malas energías y volvemos a arrancar”, deslió.
Algunas mujeres “ni con las amigas pudieron aprender” admite Maira. “Cuando salen conmigo y vuelven manejando es todo un logro. A algunas las tengo que ir a buscar a casas, les pregunto si van a manejar y dicen que no. Pero cuando llegamos al lugar para empezar con la práctica, se animan y no lo pueden creer. Es una felicidad mutua”.
Hay dos opciones: aprender con su propio vehículo o con el de Maira, pero –según dice la instructora- “prefiero que aprendan con el vehículo que tengan así lo van conociendo”.
La joven asegura que no sólo les enseña a conducir el auto sino que también, nociones que son básicas de mecánica automotor. Conocimientos que pueden “salvarlas” de malas situaciones. “Por ejemplo, les enseño a cambiar una cubierta, colocar aceite, agua, medirlos. Les digo qué tienen que hacer en el día a día. Que no se asusten ante imprevistos. También a cambiar focos, por ejemplo. Una de las alumnas el otro día me decía que tenía la óptica trasera rota y que además del dinero en comprarla, tenía que gastar más en pagarle a quien la cambiara. Le enseñé a hacerlo y se solucionó”.
Se emociona al hablar de su padre. El orgullo le atraviesa el cuerpo. Dice que a él le debe la independencia y los conocimientos adquiridos. Revela que su papá le sugirió “no depender nunca de un hombre” y le enseñó a manejar como así también conocimientos de albañilería ya que él trabaja en construcción. “Si necesitás una pared también la sé hacer, llamame” dijo bromeando.
Maira dice sentirse privilegiada. “Pasa con algunas alumnas que me dicen que sus padres ni locos le prestan el auto. Yo a mi papá lo tengo y gracias a Dios me lo enseña.
Para finalizar, emitió un mensaje a todas aquellas mujeres que tienen ganas de aprender a manejar y se paralizan por cualquier motivo. “Animensé. Por más que haya miedo, temor a chocar que es lo que les pasa a todas pero es paso a paso. Es como aprender a caminar pero con cuatro ruedas. Por más que lleve tiempo, se va a lograr”, concluyó .
Fuente: diario jornada
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